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La huelga del Alma

Instante de ver

¿Qué sabemos?

Para la Organización Mundial de la Salud, nadie debería sorprenderse ante el hecho de que la crisis financiera global está afectando al bienestar psíquico de las personas, especialmente bajo la forma de depresión.

La palabra depresión proviene del latín. En su origen significaba algo que presiona de arriba hacia abajo y nos hace decaer.

Y presionados estamos, de arriba hacia abajo, por la crisis social y económica actual.

La palabra griega krisis significa separar o decidir. Responde a algo que se rompe y conviene analizarlo. La crisis empuja al análisis y a la reflexión; a la elección y al desenlace.

350 millones de personas en el mundo padecen sentimientos de desesperanza, pérdida del sentido de la vida, sensación de falta de energía, sentimientos de minusvalía y culpabilidad o ideas suicidas.

La huelga del alma

Son personas que se apean de la lucha por la vida, como lo hace el caminante agotado que se detiene, resoplando. Este jadeo del exhausto corresponde al sentido antiguo de la palabra huelga.

Como plantea la OMS, un mundo en el que domina un poder financiero sin rostro, capaz de hundir un país tras otro, en el que  la corrupción parece la norma, promueve que muchos ciudadanos decaigan, se detengan y resoplen. Los huelguistas del alma suman millones.

Fuente: OMS

www.who.int/mental_health/es/‎

Etimología ofrecida para este artículo por Bernardo Souvirón. Helenista   www.bernardosouviron.com/‎

1.- Depresión. Deriva del latín. La palabra latina es depressio, un substantivo abstracto que, a su vez, deriva del verbo deprimo, cuyo infinitivo es deprimere. La palabra significa literalmente “acción de bajar”, es decir, “descenso”, “hundimiento”. Ya en latín tiene un sentido que podríamos llamar moderno. Séneca, por ejemplo, dice: ne te ulla res deprimat, “que nada te abata”.

2.- Crisis. La palabra ‘crisis’ es griega: κρίσις. Es un substantivo, relacionado con el verbo kríno (κρίνω), que significa “separar”, “distinguir” y en un sentido menos concreto “escoger”, “decidir” y “juzgar”. El substantivo krísis significa, por tanto, “separación”, “distinción” y también “elección” e, incluso, “desenlace” (en el caso de un juicio, por ejemplo).  

3.- Huelga. En realidad no sabemos con seguridad de dónde deriva la palabra ‘huelga’. La hipótesis más plausible es que deriva del verbo latino follico (infinitivo follicare) que significa literalmente “soplar” con sonido semejante al de un fuelle (follis en latín). Si esta hipótesis es correcta, la palabra ‘huelga’ (y el verbo ‘holgar’) podría significar lo mismo que el latín, es decir, “resoplar”, “jadear”.

Tiempo de comprender

¿Cómo podemos reflexionar sobre estos datos?

Los estados depresivos pueden tratarse y resolverse. Responden a crisis personales, en el sentido griego del término. Algo se ha roto en el interior de las personas entristecidas o angustiadas.

Ante las crisis, sean personales o sociales, conviene reflexionar. Ver, comprender y concluir algún juicio que lleve a la acción y a la toma de las riendas de la lucha vital y ¿porque no? a la alegría de vivir, que nunca es un regalo, sino un auténtico reto.

Es muy importante vincular el pensamiento a  la vida. Y nuestro pensamiento está hecho de palabras. Las palabras pueden enfermarnos y las palabras pueden curarnos. Nuestro pensamiento tiene una fuerza increíble, crea realidades, puede proyectar a futuro y cambiar, tanto nuestro pequeño mundo personal como el entorno social. Y esa potencia puede tener signo negativo o positivo. De nosotros depende encontrar las herramientas para imantar, de un polo hacia otro, la fuerza de nuestro pensamiento.

Nuestra sociedad, sin embargo, no favorece el tiempo para la reflexión. Tampoco facilita el tiempo que los médicos de familia requieren para escuchar a sus pacientes, ni la salud mental comunitaria está bien dotada para atender el gran volumen de personas con sufrimiento psíquico.

Por otra parte, nuestra cultura nos empuja a demandar inmediatez de resultados. Nos acostumbra a la rapidez y no favorece el espacio para el análisis. Culturalmente, ante cualquier alerta física, vamos corriendo al médico, pero ante las alertas psicológicas no reaccionamos igual. No les hacemos caso, pensamos que ya se resolverán, que el tiempo pondrá las cosas en su lugar, o nos avergonzamos, o echamos la culpa de nuestro malestar a los otros o a las situaciones sociales. Y cometemos un grave error.

El alma humana tiene claros y oscuros y no siempre canaliza sus fuerzas hacia nuestro bien o hacia el logro de nuestros deseos. No siempre nos anima a tomar las riendas de nosotros mismos y puede dejarnos enfangados en la queja, en la impotencia o en la desesperanza.

Todo ello puede ocurrirnos como personas individuales pero también como sociedades. ¿Qué es la sociedad sino la suma del uno a uno del total de sus miembros?

Comprender no significa anestesiarse para negar lo terrible, ni resignarse. Comprender significa asumir que las cosas que ocurren, bien podrían ocurrir de otra manera. No somos actores de un texto ajeno, somos narradores de nuestra vida y del devenir de la historia.

Fuentes:

J. Lacan, Escritos I, El tiempo lógico, Ed Siglo XXI, 1971

H.Arendt, La condición humana

Introducción de M. Cruz. Ed. Paidós. 1992

Momento de concluir

El sinsentido que produjo entre los combatientes de la primera guerra mundial el uso de la tecnología para matar, generó una gran hornada de huelguistas del alma. Una vez curadas sus heridas, sufrían de trauma de guerra y no podían ser devueltos a los trincheras.

Una primera pastilla basada en el opio empezó a comercializarse para dar respuesta a esos huelguistas. Desde entonces, no han dejado de aparecer nuevas propuestas químicas para los sufrimientos psíquicos, algunas muy útiles, sin duda. Pero los análisis y las reflexiones tras las dos grandes guerras, de multitud de pensadores de distintas disciplinas como la sociología, el psicoanálisis o la filosofía, entre muchas otras, que han advertido sobre cuestiones fundamentales de la naturaleza humana, no han seguido el mismo destino de implantación y crecimiento que ha logrado la industria farmacéutica.

medicación, fármacos

El uso abusivo de psicofármacos, sin acompañamiento terapéutico, es decir, sin espacio de análisis y reflexión sobre aquello que se rompe en nuestro interior, puede resultar contraproducente.

Las píldoras para  los tristes y angustiados preocupan a los expertos en salud pública por su extensión indiscriminada. España, por ejemplo, es el país europeo que receta mayor número de ansiolíticos para niños y, las arcas públicas, en los últimos  diez años, han visto  multiplicar por diez el gasto en antidepresivos y ansiolíticos.

Richard Smith, ex director del British Medical Journal  y gran agitador del debate sobre la salud, viene planteando hace tiempo que la industria farmacéutica está especialmente interesada en separar lo más posible la línea entre normalidad y patología, en convertir en enfermedad la tristeza o el duelo, la timidez o los avatares de vida,  ya que un pequeño desplazamiento puede suponer millones de nuevos enfermos y por lo tanto millones de nuevas ventas.

Un mundo que ha perdido el sentido y el valor de las palabras, que ha olvidado las advertencias de sus pensadores, invalidado el espacio y el tiempo para el análisis así como el juicio crítico y ha colocado las cifras como prioridad única, por encima del valor de las personas o de la ética, tiene consecuencias. Consecuencias autodestructivas sobre el Estado del Bienestar, tanto el social como el individual, hoy en franco peligro.

Nadie debería sorprenderse por ello.

Fuentes:

S. Freud, Más allá del Principio de Placer, Ed. Biblioteca Nueva, Tomo III

British Medical Journal

www.bmj.com

Begoña Matilla

Coordinadora de la Plataforma Psicológica de Atlàntida

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