Preguntas Frecuentes

¿Qué diferencia hay entre un psicólogo y un psiquiatra?

Los profesionales de la salud mental pueden tener varias formaciones. Pueden ser especialistas en psiquiatría, psicología clínica y psicoterapia.

La psiquiatría es la ciencia que estudia la mente, con el objetivo de prevenir y tratar las enfermedades mentales.

Los psiquiatras tienen titulación universitaria de medicina y son especialistas en psiquiatría.

Estudian la mente con el objetivo de prevenir, diagnosticar y tratar los trastornos mentales. Pueden utilizar los psicofármacos como una manera de tratar los síntomas.

La psicología es la ciencia que estudia los procesos mentales de las personas, su conducta y sus modalidades de relación interpersonal y con su entorno.

Los psicólogos clínicos, tienen titulación universitaria de psicología y son especialistas en psicología clínica. Tratan los problemas psicológicos a través de la palabra.


 

¿Por qué consultar?

La infelicidad, la inseguridad, la ansiedad, la depresión, la fobia, las obsesiones o los malestares corporales derivados de la tensión, no son condiciones irreversibles. Pueden cambiar. Cualquier persona que consulta puede generar recursos para enfrentar los avatares de la vida, comprender la causa de sus dificultades y mejorar sus relaciones personales, sus condiciones laborales y su estado de ánimo.

Una mente nerviosa, preocupada, tensa o enfadada no permite buenas relaciones personales, familiares, laborales o sociales. De igual manera, una mente triste, asustada, con sentimientos de vacío y de soledad o excesiva necesidad de afecto y dependencia de los otros, no facilita tomar las decisiones correctas ni fomentar comportamientos adecuados que reviertan positivamente en la vida de la persona.

Un tratamiento psicológico, aunque supone tiempo y dedicación, es determinante para el buen rumbo de la vida posterior. Un tratamiento psicológico puede suponer revertir una situación de crisis en una oportunidad de cambio y mejora de la calidad de vida.


 

¿Cuándo consultar?

Cuando alguno de los síntomas como la tristeza, el desaliento, la ansiedad o el insomnio, se instalan de manera persistente rompiendo el equilibrio emocional y físico de la persona es necesario consultar.

También cuando los conflictos personales y vitales generan tensiones excesivas que superan nuestra capacidad de control y superación.

Siempre es conveniente no dejar pasar demasiado tiempo: es mejor prevenir que curar. Una consulta puede cumplir una función de orientación sin necesidad de requerir tratamiento terapéutico.


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