El dolor es una experiencia sensorial desagradable que afecta a una gran parte de la población en algún momento de su vida. Entre ellos, se encuentra un gran grupo cuyo dolor persiste de forma crónica, siendo su prevalencia en España alrededor de 9.000.000 de personas, por lo que la Organización Mundial de la Salud lo ha llegado a considerar la mayor amenaza para la calidad de vida a nivel mundial.
Según su duración:
Según su naturaleza:
El dolor crónico se define como una experiencia psicofisiológica desagradable que permanece a pesar de haber disminuido o desaparecido el daño tisular. Se diagnostica dolor crónico cuando persiste más de 6 meses o más del tiempo esperado para su recuperación. Inicialmente, puede clasificarse en dos grandes tipos:
La continuidad del dolor genera consecuencias negativas para la persona. Si representa un obstáculo para llevar a cabo la actividad normal, puede llegar a provocar sentimientos de inutilidad o de no sentirse necesario. La sensación de fracaso que puede producir la lucha por evitar el dolor puede no verse recompensada y hacer que aflore un estado de irritación e impotencia que influya negativamente en la persona y en su entorno. Si estos sentimientos persisten, es posible caer en cuadro de depresión.
De acuerdo con Muriel y Madrid, (1994), dentro del dolor crónico se pueden distinguir tres grupos en función de sus características:

Historia previa
En cualquier patología, la historia previa del paciente es una variable que puede influir en la génesis, en el mantenimiento y en la curación. El dolor crónico no es una excepción. Algunos de estos aspectos son determinantes, como el sufrimiento de dolor crónico por parte de los progenitores. Parece que cuando se comparan pacientes con dolor crónico con sujetos controles, los primeros tienen mayor probabilidad de tener padres que también lo han sufrido. Otra línea de investigación sugiere que el hecho de haber vivido eventos estresantes prolongados tiene relación con el dolor crónico.
Factores físicos
Las lesiones en la espina dorsal con frecuencia producen dolor crónico, convirtiéndose en una de las complicaciones más desafiantes para los médicos y de mayor dificultad de adaptación para los pacientes. El dolor discal y el dolor radicular se producen por el contacto de las sustancias del núcleo pulposo con las terminales nerviosas del anillo fibroso discal. El dolor de la raíz se produce por la inflamación y la compresión ocasionada por el material discal protuído o herniado. Patologías como la artritis y el cáncer, además de las lesiones ocasionadas por un accidente también pueden causar dolor crónico.
Las creencias
Las creencias sobre las variables que afectan al dolor pueden determinar la forma de afrontarlo. Las creencias sobre la tipología del dolor también pueden afectar al tipo de tratamiento que prefiere el paciente. Aquellos pacientes que consideran su dolor como un trastorno totalmente físico suelen preferir terapias médicas y suelen ser más reticentes a participar en programas de tipo psicológico y, si lo hacen, suelen abandonar o mostrar poca adherencia.
Depresión
De acuerdo a la hipótesis como antecedente del dolor crónico, la depresión precede y probablemente da lugar al dolor. Esta hipótesis se explica a partir de dos razonamientos: 1) El dolor como una expresión de la depresión, de manera que dolor y depresión serían el mismo trastorno. 2) El dolor como síntoma de la depresión, siendo el dolor un síntoma más del cuadro depresivo. Elorza, Casas y Casals, señalan que el 57% de los pacientes con depresión mayor presentan algún tipo de dolor.
El locus de control
Los pacientes con un locus de control interno, que son los que creen que el dolor depende de ellos mismos, son los que se adaptan mejor a su condición, comparándolos con los sujetos con locus de control externo, que consideran que su dolor depende de otros factores que están fuera de su alcance.
El apoyo social
El apoyo social también se muestra como un factor modulador, ya que ejerce un efecto amortiguador que atenúa las respuestas al impacto de la propia enfermedad. Por un lado, permite que las personas afectadas puedan hacerle frente mediante estrategias que inhiban los procesos psicopatológicos asociados y, por el otro, proporciona recursos emocionales y materiales para hacerle frente.

Defensor del Asegurado:
Sr. Jaume Solé Riera
Doctor en Derecho, en la especialidad de Derecho Procesal
Profesor titular numerario en la Universidad Pompeu Fabra.
Correo electrónico: [email protected]