
La exposición solar es necesaria para los humanos, ya que el sol participa en determinados procesos fisiológicos, tales como la estimulación de la síntesis de vitamina D o la circulación sanguínea. Con todo, la radiación solar excesiva puede provocar la aparición de problemas de salud, especialmente cutáneos, que en algunos casos pueden llegar a ser graves. Entre ellos destacan el fotoenvejecimiento (manchas, eritema, arrugas…), las quemaduras (eritema, dolor, ampollas …), las erupciones solares y el cáncer de piel.
Según la Asociación Española de Dermatología y Venereología (AEDV), la radiación solar es el principal factor ambiental causante de cáncer cutáneo, sobre todo en personas de piel blanca que han pasado mucho tiempo expuestas al sol o que han sufrido quemaduras solares en la infancia. Y es que los efectos del sol son acumulativos e irreversibles.
A continuación, te explicamos cómo puedes proteger las zonas expuestas a la radiación solar con los productos que hay en el mercado.
El sol emite múltiples tipos de radiaciones electromagnéticas, entre las que destacan las radiaciones ultravioletas (UV) de amplio espectro. Según la longitud de onda, son:
Con el fin de elegir el protector solar más adecuado, debemos tener en cuenta diferentes aspectos, tales como la latitud, la época del año, la altura, la realización de ejercicio físico, el daño presente en la zona que hay proteger, etc.
Uno de los factores más importantes que hay que considerar es nuestro fototipo, es decir, el color de la piel y el pelo, ya que eso es indicativo de la capacidad que tiene nuestra piel de asimilar o lesionarse con la radiación solar:

Los productos destinados a proteger la piel del sol, conocidos como protectores solares o fotoprotectores, son productos con una regulación específica, y suelen mostrar un número en el envase: el factor de protección solar (FPS).
Se trata de un número calculado en condiciones teóricas (laboratorio) que pretende ofrecer una estimación del tiempo adicional que podemos exponernos al sol sin quemarnos si nos lo aplicamos.
Para determinar este número, en primer lugar, se calcula el tiempo que se tarda en ver enrojecimiento cutáneo sin protector solar. Ese valor se compara con el tiempo que se tarda en ver enrojecimiento con protector solar. Por ejemplo, tal como explica el Colegio de Farmacéuticos de Barcelona, si el primer día una persona puede exponerse al sol 10 minutos sin quemarse, con un FPS 15 podrá hacerlo durante 150 minutos.
Hay que tener en cuenta, sin embargo, que esta nomenclatura tiene muchos inconvenientes. En primer lugar, se calcula en condiciones ideales (de laboratorio), que son muy difíciles de cumplir en la vida real (cantidad aplicada de fotoprotector, frecuencia de aplicación, etc.). El cálculo se realiza a partir de la observación de eritema cutáneo, cuando ya hay consecuencias de la exposición a la radiación, cuando lo más recomendable sería evitar ese eritema.
Es importante destacar también que ese número se calcula solamente a partir de la exposición a UVB, y ya hemos comentado que el sol emite diferentes tipos de radiación, no solo UVB.
Aparte, ese cálculo no tiene en cuenta el fototipo del paciente, el daño solar preexistente, la altura (a más altura, más riesgo de quemaduras), la sudoración, el agua o la presencia de vello (todos ellos disminuyen la eficacia del fotoprotector), entre otros factores.
Por esos motivos, los dermatólogos hace años que reclamamos un sistema diferente que refleje mejor el grado de protección que aportan los fotoprotectores en condiciones más cercanas a las de la vida real.
En este sentido, te ofrecemos una serie de recomendaciones generales:
Los protectores físicos son más duraderos y eficaces, no se degradan con el sol ni el calor, pero son difíciles de aplicar y dan un aspecto blanquecino en la piel que no suele gustar.
Los protectores químicos se degradan más rápidamente con el sol y el agua, son más fáciles de aplicar y son cosméticamente más agradables, aunque pueden provocar alergias.
En el mercado hay productos que combinan, en proporciones variables, ambos tipos de filtros. La mayoría de fotoprotectores de protección elevada combinan pantallas físicas y químicas. Recomendamos pantallas físicas para niños pequeños, personas con piel sensible o alergias y para exposiciones de alto riesgo (deportes de montaña, por ejemplo), entre otros.
Recuerda: una exposición solar excesiva puede provocar problemas de salud importantes. Utiliza fotoprotectores elevados que también cubran contra los rayos UVA, evita quemarte y ten sentido común. Consulta a tu dermatólogo si tienes dudas o si observas alguna lesión cutánea que te llame la atención. Te recomendamos que realices una visita anual al dermatólogo para que valore tu piel y te haga recomendaciones específicas.

Dr. Ignasi Pau Charles
Dermatólogo del Centro Médico Atlàntida

Defensor del Asegurado:
Sr. Jaume Solé Riera
Doctor en Derecho, en la especialidad de Derecho Procesal
Profesor titular numerario en la Universidad Pompeu Fabra.
Correo electrónico: [email protected]